Viernes de la Duodécima Semana del Tiempo Ordinario
(2 Reyes 25:1-12; Mateo 8:1-4)
¿Alguna vez has tenido que tomar una decisión en la que parecía no haber buenas opciones? Imagina que tu hija quiere una boda en un lugar apartado, fuera de la Iglesia. No solo no puedes aprobar un matrimonio inválido, sino que también dudas de la madurez de la pareja. ¿Deberías apoyar a tu hija asistiendo a la boda? En ambas lecturas de hoy, alguien toma una decisión cuando las opciones no parecen favorables.
En la primera lectura, el rey Sedequías se encuentra entre perder el apoyo de sus seguidores e ignorar la Palabra de Dios, anunciada por el profeta Jeremías. En el Evangelio, Jesús se enfrenta a un leproso que le pide que lo sane. Debe elegir entre tocar al hombre y demostrar su autoridad sobre la ley o decepcionar al leproso oprimido. Sedequías opta por no seguir la Palabra de Dios, pero Jesús, que es la Palabra, la cumple.
No debemos tener miedo de acatar la Palabra de Dios. Él nos habla a través de las Escrituras, la Iglesia y nuestra conciencia. Caminar con él, a veces, traerá dificultades. Sin embargo, saldremos fortalecidos y más cerca de la vida eterna.
